Introducción

El síndrome conocido por los agricultores como “Bacteriosis del Palmito”, se presenta tanto en plantaciones de pejibaye para producción de palmito como en aquellas para producción de fruta, esto es, tanto en plantas jóvenes como en plantas adultas. Sin embargo, en plántulas de almácigo cultivadas en eras o en camas con buen drenaje y a pleno sol, la enfermedad se observa sólo en raras ocasiones; asimismo, en plantas adultas el ataque suele ser menos severo que en aquellas palmiteras. La coincidencia de la presencia de la enfermedad y de los insectos conocidos como “picudos” es un evento general en todas las plantaciones que presentan este síndrome, pero la relación exacta entre la enfermedad y la plaga ha sido motivo de controversia. La enfermedad permite aislar una bacteria y un hongo asociados, la relación o importancia de esta asociación ha sido también motivo de controversia. Conocer el comportamiento de la planta de pejibaye en relación con el ambiente, los patógenos y los picudos es necesario para llevar a cabo un combate exitoso de este problema fitosanitario. Aquí se expone lo investigado hasta el presente, así como un método de control amigable con el ambiente, práctico, eficiente y de bajo costo económico, que permite un manejo adecuado de la plantación que presenta esta plaga-enfermedad.
Las recomendaciones expuestas a continuación son basadas en resultados experimentales obtenidos por un equipo de técnicos de la Universidad de Costa Rica (UCR) y del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) durante año y medio (2003-2004) de investigación en la Estación Experimental de Los Diamantes (Guápiles) y en fincas de agricultores en Río Frío y Guápiles.

Historia

En el período 1997-1998 se presentó el fenómeno climatológico conocido como “El Niño”, el cual se manifestó como un período de baja precipitación si se compara con aquella de los años normales. Este cambio climático provocó alteraciones notorias, aunque temporales, en la densidad de las poblaciones de algunos insectos y posiblemente sobre la incidencia e intensidad de las enfermedades en algunas plantas. En ese año los árboles de pejibaye de la comunidad de Tucurrique se vieron seriamente afectados por una enfermedad, no identificada entonces, semejante a la que se reportó un año más tarde en las plantaciones para palmito en la región norte. Esos árboles adultos de Tucurrique, con el retorno del régimen de lluvia normal, recuperaron su condición usual. Sólo perecieron aquellas palmeras que se encontraban, de antemano, bajo condiciones de nutrición muy deficientes. En el año 1999, la empresa DEMASA informó por primera vez la presencia del ataque intenso de una “nueva” enfermedad en su finca situada en Horquetas de Sarapiquí. Quizás la enfermedad había estado presente por algún tiempo en dicha plantación y no fue sino hasta que alcanzó mayor dispersión e intensidad que la notaron. Dicha propagación de la enfermedad se debió posiblemente a la ausencia de una fertilización adecuada debido a los bajos precios que por esa fecha alcanzó el palmito en el mercado, al mal manejo histórico de las cepas y al estrés producido por el fenómeno de “El Niño”, todo lo cual también favoreció el aumento de la población de picudos en ese momento. Esta situación no solo se presentó en Costa Rica, sino además en Panamá, Ecuador, Bolivia y quizás en otras regiones de trópico americano que cultivan palmito de pejibaye. Curiosamente no ocurrió así en la zona sur del Pacífico de nuestro país, la cual aun permanece libre de este problema fitosanitario. En los tres países citados se combate esta enfermedad con el buen manejo de los factores ecológicos que permiten mantenerla a un nivel de incidencia bajo y convivir con ella.

Agentes patógenos o causales:

Pantoea stewarti (sin. Erwinia stewarti)
(nombre de la bacteria; Salas, 2003; Sun, 2004; Uribe, 2004).

Fusarium sp.
(especie no identificada del hongo. Wang, 2004).

Agentes vectores o portadores:

Gotera del agua de lluvia
(Vargas - Cartagena, 2004)

Metamasius hemipterus
(picudo café, pequeño).

Rynchophorus palmarum
(picudo negro, grande).

Sintomatología

La enfermedad se inicia con la aparición en los foliolos de las hojas de una pequeña mancha verde más oscura que el verde natural de la hoja. Esta mancha se extiende paulatinamente en forma longitudinal paralela a las venas del foliolo formando una banda delgada. Esta banda es más visible por el lado inferior o abaxial del foliolo, pero es también visible por el lado superior. Dicha banda al extenderse se hace más notoria y cambia a un color café al producir la muerte o necrosis de los tejidos afectados. Eventualmente las hojas van cubriéndose de estas bandas y en períodos muy lluviosos y suelos mal drenados, las hojas inferiores de la planta pueden llegar a necrosarse por completo. Las características inconfundibles de esta enfermedad son, además de la formación de las bandas mencionadas, una secreción gelatinosa y la aparición de pústulas café oscuro, ambas en el lado inferior de la hoja. La intensidad de los síntomas varía con la edad de la hoja. La hoja guía o “candela” se encuentra libre de la infección y, si la intensidad del ataque a la planta no es muy alto, la hoja más joven también está sana. Las demás hojas generalmente muestran síntomas de la enfermedad, siendo más notorios en las hojas más viejas, en donde los patógenos han tenido mayor tiempo para su desarrollo. El examen de los sectores enfermos de la hoja muestran la presencia de bacterias y hongos externa e internamente. Los hongos forman una alfombra especialmente en el lado inferior de la hoja. En algunas ocasiones, especialmente en períodos de baja precipitación, las hojas enfermas presentan una coloración amarillenta, además de las bandas café, semejante al efecto de una intoxicación causada por un herbicida, pero que en realidad es un efecto tóxico causado por los patógenos. Esta apariencia amarillenta generalmente se amortigua o desaparece al aumentar las lluvias.

 

1. Ataque de picudo 2. y 3. Síntomas de la enfermedad  

 

Infección

Se realizó un experimento de inoculación de los patógenos en plantas sanas de almácigo bajo dos condiciones de ambiente: una bajo una sombra de 50% y suelo saturado de humedad y otra a pleno sol y suelo bien drenado. Aquellas plantas bajo sombra y alta humedad resultaron mucho más susceptibles a la infección que aquellas al sol y buen drenaje. Además, en ambas condiciones, se probaron macerados, o sea extractos, de hojas enfermas contra macerado de suelo de plantación enferma y contra cultivo puro de bacteria. El resultado fue que sólo el macerado de hojas enfermas fue realmente efectivo en provocar la infección (67% de las plantas bajo sombra y alta humedad y 37.5% en aquellas al sol y buen drenaje). La bacteria por si sola NO resultó infecciosa bajo ninguna de esas dos condiciones. Por lo tanto, para que haya infección se requiere que ambos, bacteria y hongo, estén presentes. También se usó herir, pinchando con aguja, la planta antes de inocularla. Estas heridas mostraron NO ser puertas de entrada de la infección, sugiriendo así que los cuchillos utilizados durante la cosecha NO son propagadores de la infección. Sin embargo, si la suspensión del macerado de hojas enfermas se hace inyectado con jeringa, éste si produce la infección. Pero, es más efectivo si se inyecta en el pecíolo de la hoja que si se inyecta en la lámina o foliolo. Este sería el método que utilizan los picudos. Se observó con el microscopio electrónico que el hongo, y quizás la bacteria, penetran la hoja disolviendo la cutícula que la cubre directamente y por lo tanto no requiere de heridas para penetrar, excepto cuando son inyectados directamente como lo harían los picudos. Cuando llueve la gotera de hojas enfermas a hojas sanas acarrea ambos patógenos - bacteria y hongo - y trasmite la enfermedad con gran eficiencia. Así parece, por los datos obtenidos, que la enfermedad es trasmitida en el sentido vertical por la lluvia (Vargas Cartagena) y en sentido horizontal, cubriendo distancia, por un insecto, posiblemente los picudos.

Tratamiento básico

El combate de esta plaga-enfermedad consiste en la realización de un programa que necesariamente requiere de las siguientes actividades:

1. Drenaje

2. Fertilización

3. Poda de cepa o “deshija”

4. Poda de hojas enfermas o deshoja

5. Trampeo y eliminación de los picudos

6. Utilización de la variedad Diamantes-10.

Drenaje

Se menciona en el capítulo sobre INFECCIÓN el efecto nocivo del suelo saturado de humedad, el cual provoca una mayor susceptibilidad a esta enfermedad, elevando al doble la frecuencia de plantas enfermas que aquellas bajo condiciones de suelo bien drenado. Por lo tanto, en el combate de la enfermedad resulta de gran importancia elaborar un sistema de drenaje tan eficiente como sea posible. Un sistema mínimo de drenaje consistiría en construir un sistema superficial de canales que permita evacuar rápidamente el agua superficial, producto de las lluvias, de tal manera que la humedad del ambiente no se mantenga alta por mucho tiempo. Esta alta humedad relativa en la plantación es la que favorece a los patógenos para llevar a cabo la infección. Además, es necesario drenar más profundamente los sitios de la finca que son habitualmente muy húmedos, así como aquellas secciones que forman charcos. Estos sitios muy húmedos forman áreas con plantas intensa y permanentemente enfermas. La práctica de drenaje resulta esencial para disminuir la incidencia e intensidad de la enfermedad. El drenaje adecuado es el primer eslabón en el combate de este problema fitosanitario.

Fertilización

Sin fertilización no se debe cultivar palmito, además, esta operación es esencial en el combate y prevención de esta plaga-enfermedad.
Fertilización ideal: análisis del suelo y fertilización de acuerdo con los resultados. Recomendación práctica en ausencia de lo anterior: 20 sacos de abono por hectárea por año divididos en cuatro ciclos, de la fórmula 18-5-15-6-2 y dos ciclos adicionales, uno de DAP (fosfato diamónico) y otro de nitramón, cinco sacos en cada caso. El DAP se aplica al inicio de las lluvias y el nitramón al final de estas. Además, aplicar de 10 a 20 sacos de carbonato de calcio por hectárea por año, según sea la acidez del suelo.
En general, las plantas bien nutridas muestran mayor resistencia a la infección por los patógenos y al ataque por los picudos.

“Deshija” (y limpieza de cepa)

Sin deshija no se debe cultivar palmito.
A partir del primer año de cosecha debe regularse el número de brotes por cepa, su número ideal por hectárea está alrededor de los 20.000.
Todos los brotes que surgen sobre la “araña” deben eliminarse y sólo se dejan crecer aquellos “sentados” sobre el suelo, situados en la orilla de la “araña” y bien espaciados.
El exceso de brotes o “hijos” y de hojas secas aumentan la oscuridad en la cepa lo cual ofrece un excelente refugio para los picudos, además mantiene una alta humedad relativa en época de lluvias lo que favorece la infección.

1. Cepa sin podar

. Cepa podada

Deshoja

Aun quedan aspectos por conocer respecto a esta práctica.
En términos generales se recomienda eliminar únicamente las hojas cuya infección es muy notoria, aquellas hojas en que la infección es incipiente no se podan. La poda reduce la cantidad de inóculo en la plantación
Si se podan muchas hojas se reducen la producción y la recuperación de la cepa drásticamente.
Se realizó un experimento para evaluar objetivamente el resultado de esta práctica. Se podaron plantas dejando únicamente la hoja guía, así como otras en las que se dejaron una, dos, tres y cuatro hojas adicionales. Aquella que mantuvo cuatro hojas no sufrió reducción en el rendimiento de su palmito, en tanto que aquellas que quedaron con solo dos o menos hojas, redujeron drásticamente la producción y la planta tardó mucho tiempo en recuperarse.
La práctica que se recomienda es realizar la poda de hojas en forma selectiva cuando se observa que la infección general de la plantación es notoria o bien, hacerla dos veces por año.
Se recomienda hacerla una o dos semanas después del abonamiento para que la planta tenga energía para vestirse de nuevo rápidamente.
Asimismo se recomienda colocar trampas para atrapar los picudos, dos o tres días antes de la deshoja para evitar que estos pongan sus huevos en los cortes frescos de las hojas podadas, ya que preferirán irse a la caña de las trampas.

Una Hoja Dos Hojas Cuatro Hojas

Trampeo y eliminación de picudos

Todas las plantaciones (aún las sanas) presentan un número considerable de picudos (fundamentalmente Metamasius). Los picudos por si solos constituyen una plaga del palmito. En las plantaciones enfermas su número es considerablemente más alto, pero la diferencia principal entre plantaciones sanas y enfermas es que en las primeras, éstos no son portadores de bacterias y hongos y en aquellas enfermas posiblemente si lo son.
Los trabajos experimentales han mostrado que las parcelas en las que se colocaron trampas, mostraban menor incidencia e intensidad de la enfermedad y tenían mayor producción de palmitos.
En las plantaciones enfermas obligatoriamente hay que tratar de eliminarlos. A continuación se explica como hacerlo.

Trampa

a. Cubeta de 4 a 5 galones con tapa, con ventanas en su parte superior para la entrada de los picudos. (Ver fotos).

b. Los trozos de caña se sumergen en una solución con insecticida.
Se prefiere utilizar SEVIN por ser menos venenoso para los humanos.
Orthene y Malathion son igualmente efectivos pero su uso es más peligroso.
La concentración a utilizar es de 10cc por litro de agua. Usar siempre guantes.

c. En el fondo de la cubeta se colocan 4 a 6 capas de trozos de caña de azúcar partidos longitudinalmente que han sido sumergidos en la solución con el insecticida. La caña se cambia semanalmente porque el insecticida disminuye su efectividad con el tiempo, la caña se deteriora y los insectos muertos se acumulan sobre ella.

Cubeta con ventana
Cubeta con caña de azúcar

 

 

Inoculación de picudos con Beauveria o Metarhyzium

Ambos picudos son susceptibles al ataque por los hongos Beauveria y Metarhyzium. Los insectos capturados por las trampas, en este caso sin insecticida y con los trozos de caña bañados con la suspensión del hongo, se colocan en un frasco al cual se le agrega una suspensión de esporas del hongo Beauveria o Metarhyzium por unos pocos segundos (aprox. 5 a 10 segundos). Este baño asegura que todos los picudos quedan bien cubiertos de esporas del hongo y entre los 8 a 15 días después de inoculados morirán, consumidos por los hongos que los cubrirán con sus micelios blancos. Los picudos, así bañados se liberan vaciando el frasco en cuestión al pié de una cepa del palmito bien sombreada. Estos picudos infectados copularán repetidas veces con otros picudos, infectándolos a su vez y distribuirán así su nueva enfermedad. Esta operación se puede agregar como un complemento al trampeo con insecticida con el fin de introducir un control biológico que continúe actuando cuando se decida suprimir el trampeo en general.

Metamasius Hemipterus
Rhynchophorus palmarum
Inoculados con Beauveria

 

Variedad Diamantes-10

Esta variedad sin espinas creada por el Programa de Pejibaye de la Universidad de Costa Rica, muestra, además de ser excelente productora de palmito, resistencia parcial al ataque por los picudos y, con ello, a esta enfermedad. Es una variedad que bien manejada agronómicamente muestra un grado apreciable de resistencia.
Los picudos muestran una alta preferencia por la variedad criolla (Utilis). La razón de esto es que Utilis ofrece más fácil protección al insecto, el cual se refugia, copula y se alimenta escondido en el interior de las vainas que envuelven el tallo. En tanto que la variedad Diamantes-10 tiene vainas más largas y mejor abrazadas al tallo, dificultando la penetración por el picudo, que encuentra más fácil alojarse en las vainas de la variedad criolla.
A continuación se muestran los porcentajes de plantas enfermas, obtenidos en dos distintas épocas del año en la Finca entura, los cuales no dejan dudas sobre la diferencia en el comportamiento de estas dos variedades:


Febrero 2004 Julio 2004

Variedad Criolla (Utilis) 87.0% 65.5%
Variedad Diamantes-10 4.0% 7.5%

1. Variedad Criolla
2. Variedad Diamantes-10

Daño Económico

No existen estudios conocidos sobre el valor económico que representa el daño producido por esta plaga-enfermedad a nivel nacional, ni particular. Una estimación superficial del daño económico en una de las fincas en que hemos trabajado en esta investigación, nos llevó a inducir que la reducción en producción en ese caso era de un 50% o quizás superior. Este daño sin embargo, será diferente en otras plantaciones según sea la intensidad del problema fitosanitario y el grado de atención con que se maneje la plantación. En el caso mencionado el 100% de las plantas mostraba algún grado de infección y no se fertilizaba ni se podaba. Esta situación es observada frecuentemente, pero existen plantaciones en donde el drenaje es adecuado y tienen un régimen de fertilización razonable que, aunque muestran hojas con la infección, esta es muy moderada y la apariencia general de la plantación es vigorosa y por lo tanto la disminución de la producción es muy baja. En términos generales, este es un problema fitosanitario muy importante que tiene un fuerte impacto negativo sobre la producción de palmito (y quizás de fruta de pejibaye también) que requiere una campaña de control nacional.

 

Notas

Las primeras tres prácticas enumeradas (Drenaje, Deshija y Fertilización) son obligatorias en toda plantación de palmito bien manejada; las siguientes dos operaciones (deshoja y trampeo) son introducidas para el combate de la plaga-enfermedad y son de relativo bajo costo; y la última recomendación (Diamantes-10) es hecha para ser usada en la siembra de nuevas plantaciones y resiembra de las plantaciones adultas.
Barreras físicas entre plantaciones, tal como una angosta franja de bosque o plantas altas, interfieren con la expansión de la enfermedad, en ocasiones muy eficientemente.
Para mayor información sobre el cultivo del palmito visite nuestro sitio en la red www.pejibaye.ucr.ac.cr


pejibaye@cariari.ucr.ac.cr

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